Copia del cuerpo del artículo Las crías de tortuga acuarela verde deben realizar un delirio peligroso del techo al océano. Mientras se recorren por la arena y se adentran en el agua, las tortugas minúsculas deben enfrentarse a innumerables peligros, desde pájaros y cangrejos hasta peces y tiburones. Sólo aproximadamente una de cada 1.000 crías completa esta caminata y sobrevive hasta la años de reproducción. Mientras visitaba Heron Island, Australia, en enero de 2020, me planteé tomar fotos en la playa y me encontré con esta panorama. Lo que me llamó la atención fue esa pequeña cría que luchaba por navegar por las huellas de arena que los espectadores habían dejado a su paso. Fue un valentísimo ejemplo del impacto que los humanos pueden tener sin querer en nuestra vida salvaje y ecosistemas. Aunque los espectadores observaban inocentemente a los recién nacidos, crearon inadvertidamente un dominio extremadamente difícil para las tortugas: ralentizándolas, haciéndolas más vulnerables a los pájaros y cansándolas más de lo que pretendía la naturaleza. Esto les pondría en longevo aventura de ser tomada de especies marinas una vez entraran en el océano. Para mí, esta imagen es un recordatorio sólido y conflictivo que, incluso con buenas intenciones, los humanos pueden causar todavía daños.

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